La guerra comercial entre Washington y Beijing, el COVID, la invasión rusa a Ucrania e incluso la guerra en Gaza, demuestran la necesidad de mantener una base industrial -por mínima que sea- como una necesidad estratégica de cada estado. El decaimiento de los principios del “consenso de Washington” por parte de sus mismos ideólogos, ha sido consecuencia de la “crisis de la desindustrialización” que ha dejado a millones de trabajadores “de cuello azul” sin empleos y sin esperanzas, lo que ha sido tierra fértil de charlatanes y demagogos, tanto de izquierda como derecha, que han hecho eco de la desesperanza de esta otrora clase media, prometiendo el regreso al “glorioso pasado de la nación industrial”
El caso latinoamericano, si bien con evidentes singularidades y diferencias, ha comenzado un lento proceso de reindustrialización en su sector defensa. Con democracias madurando, el votante y por ende la clase política, está exigiendo un grado de reinversión o de gasto local frente a los grandes programas de adquisición militar.
Se puede centrar análisis en los programas de construcción naval de las armadas de Colombia, Perú y Chile, países con economías abiertas donde la liberalización económica ha sido casi un dogma en las últimas 3 décadas.
La industria de defensa como base de prosperidad y desarrollo
Estos tres países han iniciado sendos programas de construcción naval locales, creando empleos industriales bien pagados, transfiriendo tecnologías y transformando proyectos navales en motor de desarrollo y no solo en un consumidor de recursos públicos.
La transferencia de tecnología y la construcción local se presentan como puntos fundamentales para los grandes programas de defensa en los próximos años, ejemplo de esto es el crecimiento de “nuevos” actores en América Latina, a modo de ejemplo se destaca la industria coreana y turca. Así mismo, la sueca SAAB logró vender su caza Gripen a Brasil, ofreciendo un programa masivo de transferencia de tecnología y bajo esa misma lógica espera lograr un nuevo contrato en Colombia.

El caso de Korean Aerospace Industries (KAI) en el Perú es otro ejemplo como la transferencia de tecnología y construcción local son base para el desarrollo de nuevos negocios a largo plazo. La construcción bajo licencia del KT-1P “Torito” sirvió a un fabricante relativamente desconocido en la región (como en ese momento era KAI) para entrar en el mercado del país andino, el cual ahora, está estudiando participar en programas más avanzados como T-50, demostrando un avance lento pero constante en la creación de capacidades donde el fabricante se transforma en un socio estratégico y no solo en un vendedor, brindando apoyo técnico al Perú, apoyo técnico en un incipiente pero creciente proceso de industrialización de su defensa, Probablemente no se detendrá allí. La industria coreana ha logrado sendos éxitos en construcción naval y en equipos terrestres para el ejército peruano siguiendo el mismo principio y esto posiblemente será un puente para pasar al mercado civil, donde ya la industria coreana ha mostrado un éxito rotundo.
España, tan cerca y tan lejos.
Sorprende así la ausencia de la industria española en estos grandes programas. La relación histórica entre los países, parece no reflejarse en el mercado de defensa, donde la industria hispana parece limitarse a contratos puntuales, no buscando asociaciones a largo plazo. A diferencia de las telecomunicaciones, la construcción y las finanzas, las industrias de defensa hispana se ha visto secundada frente a “nuevos productores”, se ha encargado de la fabricación de ciertos subsistemas, pero no tiene el apoyo o el interés de participar en programas de largo plazo, que sí ha mostrado en países como Australia.
Muchas razones pueden explicar esto, pero no deja de extrañar la ausencia de apoyo gubernamental a la industria frente a grandes proyectos, que sí requieren la formación de asociaciones estratégicas a largo plazo. Considerar a América Latina un mercado “demasiado pequeño” no tiene sustento si se considera la entrada de grandes productores del mundo y por sobre todo ante la necesidad española de reducir su dependencia en el sector servicios.
No aclares que oscureces
Se puede inferir que el sector defensa, por sobre todo en exportación parece no ser uno deseado para las autoridades electas españolas. En este punto se debe destacar lo inoportuno de constantes declaración de parte de la clase política frente a asuntos internos de países que podrían ser socios y/o clientes.
Lideres políticos, fundamentalmente de la “nueva izquierda” española, utilizan redes sociales para opinar sobre temáticas de política interna de estados latinoamericanos. ¿Qué sentido tiene en opinar sobre la reforma de pensiones en Argentina? ¿la detención o no de un alcalde en Chile? ni hablar de alcanzar la paz en Medio Oriente liberando a una parte en conflicto “del rio hasta el mar”, Comentarios como estos, si bien particulares, no ayudan a generar puentes con potenciales clientes y dificultan la posibilidad de crear asociaciones estrategias a largo plazo. Además, dificulta las constantes opiniones de líderes políticos -electos- que tratan las relaciones bilaterales de una forma frívola, basada en cálculos político-electorales cortoplacistas y que a largo plazo afectan la creación de confianzas necesarias para desarrollar cooperación.
A modo de conclusión
Siendo este un debate larguísimo que no puede ser resuelto en una opinión, considero importante destacar los siguientes puntos para crear un debate virtuoso
- La desgana frente a los proyectos de defensa de largo plazo en América Latina de parte del estado y de la industria española no se condicen con un contexto histórico, lingüístico y cultural que si ha sido aprovechado por otros rubros empresariales de dicho país.
- Incluso si son pequeños -y lo son- son la puerte de entrada a la formación de socios estratégicos a largo plazo, el ejemplo mas claro son los éxitos de la industria coreana con el Perú
- La entrada de la industria coreana, turca y de otros paises demuestra que el mercado latinoamericano tiene potencial. Empresas de países lejanos han logrado éxitos trabajando con humildad, criterio y buscando ser “asociados” del cliente, no simples vendedores, formulando proyectos a largo plazo, asumiendo que en el mundo actual “las vacas sagradas” simplemente ya no existen y que se debe buscar nuevos mercados en todos los continentes.
Este es una tendencia que ya comenzó y un tren que ya partió, donde los “nuevos productores” van en frente, mientras que el “pasajero conocido” tal vez, ni siquiera se quiere subir al tren.
CR
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