La compra colombiana de dos C-390, sumada a la adquisición de 17 cazas Gripen , refleja una estrategia de diversificación de proveedores. Brasil, Corea del Sur, Turquía e India ofrecen alternativas cada vez más competitivas para America Latina, aunque ninguna elimina por sí sola la dependencia tecnológica y política de Estados Unidos.
La compra de dos C-390 Millennium por parte de Colombia no solo constituye una nueva señal de confianza en la industria aeroespacial brasileña. También confirma una tendencia que podría adquirir mayor relevancia en América Latina: la búsqueda de nuevos proveedores y socios industriales en el ámbito de la defensa, buscando romper la hegemonía estadounidense.
El contrato firmado por la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) incluye dos aeronaves, equipos de misión, apoyo y servicios integrados, además de un importante programa de compensaciones industriales. Colombia se convierte así en el primer país latinoamericano, aparte de Brasil, que adquiere el C-390 y en el decimotercer operador que selecciona la plataforma a nivel mundial. No se trata, además, de una relación nueva: la FAC opera desde hace décadas aeronaves Embraer, como el EMB-312 Tucano y el A-29 Super Tucano.
La decisión debe analizarse junto con la compra de 17 cazas Saab Gripen E/F —15 monoplazas y dos biplazas—, por un valor de 3.00 millones de dólares y con entregas previstas entre 2026 y 2032. Ambos programas son complementarios: el C-390 proporcionará transporte estratégico y táctico, apoyo humanitario, evacuación médica y reabastecimiento en vuelo, además de conectividad e interoperabilidad con los nuevos cazas.
Durante los últimos años, la prensa especializada colombiana informó sobre el interés de la administración del presidente Gustavo Petro en acelerar la sustitución de sistemas antiguos y privilegiar proveedores distintos de los tradicionales (EEUU e Israel, entre otros). El componente político de esas decisiones existe y no debe ignorarse.
Colombia necesitaba reemplazar sus envejecidos Kfir y reforzar una flota de transporte sometida a una creciente presión operativa. Saab y Embraer ofrecieron, además, capacidades modernas, cooperación industrial y la posibilidad de integrarse a un ecosistema aeronáutico regional articulado en torno a Brasil, que además responde a la agresiva politica de Washington.
Una transformación que va ¿más allá? de Petro
La tendencia colombiana coincide con un debate que otros países de la región deberían abordar sin prejuicios: cómo reducir dependencias excesivas sin deteriorar la interoperabilidad, la preparación militar ni la relación con aliados tradicionales.
La política de adquisiciones impulsada por Petro estuvo acompañada de una retórica frecuentemente confrontacional y, en algunos casos, de decisiones condicionadas por sus posiciones internacionales. Algo similar ocurrió en Chile durante la administración del presidente Gabriel Boric, especialmente en relación con Israel y la guerra en Gaza. No obstante, la diversificación de proveedores no debería plantearse necesariamente como un castigo ideológico contra un país determinado. Debe responder a una política de Estado basada en los lineamientos a largo plazo de cada país, tanto en el caso colombiano como el chileno, buscaba alejarse de las potencias hegemónicas y su guerra comercial y aliarse con potencias intermedias y/o emergentes.
La nueva política estadounidense también obliga a considerar ese debate. Bajo la doctrina America First, Washington esta usado aranceles, sanciones, controles de exportación y otras chantajes económicos como medio de negociación. Colombia lo experimentó en enero de 2025, cuando la Casa Blanca amenazó con imponer aranceles y sanciones durante la controversia por los vuelos de deportación. Caso similar se da en Chile en estos momentos, ante la negativa de renegociar el Tratado de Libre Comercio (vigente de 2004) EE.UU ha hecho uso de tasas ilegales como medio de negociación.
¿Es posible reemplazar a Estados Unidos como proveedor de defensa?
En el corto y mediano plazo, no completamente. Buena parte de los sistemas occidentales fabricados fuera de Estados Unidos incorpora componentes, licencias o tecnologías estadounidenses. El Gripen E/F, por ejemplo, utiliza el motor F414-GE-39E de General Electric. El C-390, por su parte, emplea motores IAE V2500-E5, pertenecientes a una cadena industrial internacional con una participación estadounidense relevante.
La presencia de esos componentes no significa necesariamente que Washington pueda vetar de manera automática la operación completa de una aeronave. Sí implica, en cambio, que determinadas exportaciones, reexportaciones, repuestos, actualizaciones o transferencias pueden quedar sujetas a autorizaciones y controles estadounidenses. La dependencia también puede aparecer en armamento, comunicaciones, software, sensores, financiamiento o apoyo logístico, cualquier elemento que sea de fabricación estadounidense.
Por ello, la autonomía estratégica no consiste simplemente en reemplazar una bandera por otra, una política seria de diversificación debería evaluar, al menos, cinco elementos:
1. La exposición del sistema a licencias y controles de terceros países.
2. La disponibilidad de repuestos, municiones y asistencia durante todo su ciclo de vida.
3. El grado efectivo de transferencia tecnológica, producción local y acceso al mantenimiento.
4. La interoperabilidad con el material ya existente y con los socios regionales.
5. La estabilidad política, financiera e industrial del proveedor.
Bajo esos criterios, Brasil, Corea del Sur, Turquía e India aparecen como alternativas relevantes, aunque con fortalezas y riesgos diferentes.
Brasil: La potencia sudamericana, con planes estratégicos de gobierno, mas no de estado
Brasil es la alternativa más natural a la hegemonía estadounidense en América del Sur. Posee la principal base industrial de defensa de la región, el mayor presupuesto militar sudamericano, fuerzas armadas de gran tamaño y una política exterior con proyección más allá de solo Sudamérica.
El C-390 representa su mayor éxito . La aeronave ha ganado concursos y ha sido seleccionada por operadores de Europa, Asia y Medio Oriente, demostrando que Embraer puede competir en uno de los segmentos más exigentes del mercado internacional. Para Colombia, la ventaja no se limita a adquirir una plataforma moderna: también existe la posibilidad de construir una cadena regional de entrenamiento, mantenimiento, repuestos y cooperación industrial, bajo la idea de cooperación Sur-Sur, pero manteniendo los mas altos niveles de calidad y competitividad a nivel global.
El principal riesgo de Brasil no es la falta de capacidad técnica, sino la discontinuidad politica. Sus programas de defensa han sufrido históricamente restricciones presupuestarias, cambios de prioridad y los efectos de una política interna polarizada. Además, varios productos brasileños incorporan componentes extranjeros, por lo que su autonomía tampoco es absoluta. Aun así, desde una perspectiva geopolítica e industrial, Brasil continúa siendo la opción con mayor capacidad para impulsar una cooperación sudamericana real.
Corea del Sur: de proveedor competitivo a aliado estrategico
Corea del Sur se ha convertido en uno de los actores más dinámicos del mercado mundial de defensa. Su fórmula combina precios competitivos, capacidad de entrega, respaldo estatal, transferencia tecnológica, producción local y acuerdos de largo plazo. No ofrece solamente equipamiento: busca integrar al comprador en una relación industrial y logística más amplia.
El caso peruano es el ejemplo regional más avanzado. Hyundai Rotem obtuvo previamente un contrato por 30 blindados K808 y, en diciembre de 2025, firmó un acuerdo marco que contempla 54 tanques K2 y 141 K808 adicionales. El proyecto considera ensamblaje y procesos productivos en Perú, aunque todavía requiere los correspondientes contratos de ejecución para iniciar plenamente el programa.
En Chile y Argentina, las empresas surcoreanas han presentado una amplia cartera de soluciones terrestres, navales, aeronáuticas y de artillería. No todas se han transformado en contratos, pero la continuidad de las propuestas, la presencia en ferias regionales y el acompañamiento gubernamental muestran una estrategia de largo plazo.
Corea del Sur posee, además, varias condiciones difíciles de reunir en un solo proveedor: una industria avanzada, una democracia estable, experiencia en producción a gran escala y una política exterior propia de una potencia intermedia. Su cercanía estratégica con Washington no elimina totalmente la exposición a componentes o autorizaciones estadounidenses, pero su interés por ampliar mercados le entrega incentivos para ofrecer mayores niveles de cooperación industrial.
A ello se suma un elemento menos cuantificable, pero igualmente relevante. Desde la experiencia de quien escribe, las delegaciones surcoreanas suelen desarrollar una relación más horizontal con sus interlocutores latinoamericanos que algunas representaciones del llamado “viejo mundo”. Su propia historia de ocupación, reconstrucción e industrialización favorece un discurso de cooperación Sur-Sur que encuentra recepción en la región. Esa disposición debe traducirse, por supuesto, en compromisos contractuales verificables, pero constituye una base positiva para relaciones de largo plazo.
El desafío surcoreano será consolidar redes regionales de mantenimiento, capacitación y repuestos. Vender plataformas sin desarrollar esas capacidades podría reproducir las mismas dependencias que sus ofertas buscan reducir.
Turquía: expansión global, y el riego neo-otomano
Junto con Corea del Sur, Turquía constituye uno de los casos más interesantes de internacionalización acelerada. Ankara ha impulsado durante más de dos décadas una estrategia de autonomía tecnológica que produjo avances importantes en drones, vehículos blindados, sistemas navales, misiles, radares, guerra electrónica y defensa aérea.
Su oferta combina precios competitivos, flexibilidad comercial y disposición a transferir tecnología. Los primeros resultados en América Latina ya son visibles. Ecuador recibió 20 vehículos blindados Cobra II de Otokar. En Chile, ASELSAN ha avanzado junto con FAMAE en la modernización de capacidades de los tanques Leopard 2A4CHL, mientras que HAVELSAN firmó en marzo de 2025 un acuerdo para integrar su sistema de gestión de combate ADVENT en las dos fragatas clase M de la Armada. A ello se suman ofertas en radares, defensa aérea y otros segmentos que todavía no deben confundirse con contratos firmados.
El mayor riesgo turco es político. El gobierno de Recep Tayyip Erdoğan busca reposicionar al país como actor global y mantiene una política exterior activa —y en ocasiones confrontacional— en el Mediterráneo oriental, Chipre, el Cáucaso, Siria, Libia y otras áreas. Estas controversias no impiden por sí mismas adquirir equipamiento turco, pero pueden generar sanciones, restricciones o conflictos diplomáticos capaces de afectar confianzas y la continuidad de políticas
La propia experiencia de Turquía es ilustrativa: sus tensiones con Estados Unidos por la compra del sistema ruso S-400 terminaron con su exclusión del programa F-35 y la aplicación de sanciones. Ankara ha aprendido, precisamente por esa vía, el costo de depender de decisiones externas. Para los países latinoamericanos, la lección es doble: Turquía puede ofrecer productos cada vez más autónomos, pero su creciente proyección geopolítica también debe incorporarse a la evaluación de riesgo.
India: enorme potencial, todavía con una presencia regional limitada
India reúne condiciones que la convierten en una alternativa inevitable a largo plazo. Es la democracia más poblada del mundo, con más de 1.400 millones de habitantes; posee una economía de gran escala, un sector tecnológico en rápida expansión y una política exterior que procura conservar autonomía frente a Estados Unidos y China.
Su industria de defensa también atraviesa una transformación significativa. Durante el año fiscal 2025-2026, las exportaciones indias alcanzaron un récord de 4.110 millones de dólares y llegaron a más de 80 países. Su catálogo incluye artillería, misiles, vehículos, buques, radares, sistemas electrónicos, municiones, protección personal y componentes aeroespaciales.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre el crecimiento global de sus exportaciones y su presencia efectiva en América Latina. Nueva Delhi ha ampliado la cooperación militar, la participación en ferias y los contactos con gobiernos y empresas de la región, pero todavía no ha consolidado aquí un programa emblemático comparable con el C-390 brasileño, el K2 surcoreano o los sistemas turcos ya contratados.
Su ecosistema industrial es, además, muy heterogéneo. Conviven productos maduros y competitivos con programas que aún deben demostrar calidad constante, cumplimiento de plazos y capacidad de apoyo posventa. India también utiliza tecnologías rusas, occidentales y nacionales, por lo que cada sistema debe analizarse individualmente para determinar su verdadera exposición a terceros proveedores.
El potencial es enorme, especialmente en municiones, artillería, electrónica, sistemas navales y soluciones de costo contenido. Pero para convertirse en un socio relevante de América Latina, India deberá ofrecer una presencia comercial sostenida, financiamiento, soporte regional y proyectos concretos de producción o mantenimiento local.
Diversificar no significa cambiar una dependencia por otra
La compra colombiana del C-390 sirve para ejemplificar que América Latina dispone de más opciones que hace una década. Brasil, Corea del Sur, Turquía e India ya no pueden ser considerados actores secundarios o proveedores exóticos. En varios segmentos ofrecen tecnología competitiva, mejores condiciones industriales y una disposición a cooperar que los fabricantes tradicionales no siempre igualan.
No obstante, ningún país puede garantizar autonomía completa. Brasil depende de componentes internacionales; Corea del Sur mantiene una estrecha alianza militar con Estados Unidos; Turquía está expuesta a sus propias tensiones geopolíticas, e India todavía debe consolidar su sistema exportador y de apoyo logístico. La decisión correcta, por tanto, no consiste en escoger un nuevo proveedor exclusivo, sino en construir una cartera equilibrada de socios.
Colombia parece avanzar en esa dirección. La combinación Gripen y C-390 reduce la dependencia de plataformas estadounidenses e israelíes, fortalece la cooperación con Brasil y Suecia y abre posibilidades de participación industrial. Al mismo tiempo, conserva componentes y vínculos tecnológicos occidentales, lo que demuestra que la diversificación puede ser gradual y pragmática, sin transformarse en un alineamiento automático con China o Rusia.
La lección para la región es clara: las adquisiciones de defensa deben dejar de evaluarse únicamente por el precio inicial o por la cercanía política del gobierno de turno. Los contratos deberían exigir reservas de repuestos y municiones, mantenimiento local, formación técnica, garantías de actualización, acceso suficiente al software y protección frente a interrupciones externas. Solo entonces la diversificación se convertirá en autonomía real.
La compra del C-390 no reemplaza por sí sola a Estados Unidos ni inaugura una independencia estratégica colombiana. Pero sí representa una señal: en un sistema internacional más competitivo y menos previsible, América Latina tiene espacio para negociar mejor, ampliar sus asociaciones y reducir vulnerabilidades. Desaprovechar esa oportunidad sería mantener dependencias que ya no responden a las necesidades del siglo XXI.
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