Según información publicada por el Departamento de Defensa de EE.UU. el 11 de abril de 2025, Estados Unidos y Panamá han firmado un histórico acuerdo de defensa que refuerza significativamente la cooperación militar y otorga a los buques de guerra y embarcaciones auxiliares estadounidenses acceso “prioritario y gratuito” al Canal de Panamá. El acuerdo, firmado durante la reciente visita a Panamá del Secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, se enmarca dentro de una estrategia más amplia para «fortalecer la seguridad regional, afianzar los lazos bilaterales en defensa y contrarrestar la creciente influencia de China en uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo».
Durante su visita, Hegseth propuso la posibilidad de restablecer una presencia militar de EE.UU. en Panamá mediante la reactivación de instalaciones como la Base Aérea Howard y la Estación Naval Rodman, que fueron puntos clave durante la administración estadounidense de la Zona del Canal. Enmarcó esta sugerencia dentro del contexto del aumento de la cooperación en seguridad con Panamá y las crecientes preocupaciones del gobierno de Trump sobre la expansión china en América Latina, especialmente a través de inversiones en infraestructura y el control de puertos cercanos al canal.
Sin embargo, la propuesta fue rechazada de manera rápida y firme por las autoridades panameñas, quienes recalcaron que, si bien Panamá da la bienvenida a la cooperación, el retorno de fuerzas militares extranjeras permanentes violaría su soberanía y los Tratados Torrijos-Carter de 1977.
A pesar de la tensión diplomática generada por la propuesta de presencia militar, el acuerdo principal representa un avance estratégico significativo. El nuevo marco incluye un Memorando de Entendimiento sobre actividades de seguridad cooperativa y una Declaración Conjunta sobre la seguridad y operación del Canal de Panamá. Estos documentos otorgan a la Marina de EE.UU. paso prioritario y sin peajes por el canal, garantizando así que las fuerzas navales estadounidenses puedan transitar con rapidez entre los océanos Atlántico y Pacífico sin demoras ni desvíos. Esta capacidad es crucial para mantener la flexibilidad estratégica y el estado de alerta en una era de creciente competencia geopolítica.
Más allá del acceso al canal, el acuerdo autoriza a las fuerzas estadounidenses a operar desde tres instalaciones clave en Panamá: el Aeropuerto Internacional Panamá Pacífico (antigua Base Aérea Howard), la Base Naval Vasco Núñez de Balboa (anteriormente Estación Naval Rodman) y la Base Aérea Naval Cristóbal Colón. Aunque las autoridades panameñas afirman que no se trata de bases permanentes, ya ha comenzado el despliegue de personal y equipos estadounidenses. Los ejercicios conjuntos más recientes incluyeron el despliegue de más de 1.000 soldados estadounidenses, una compañía de infantería de Marina y cuatro aviones de combate F-18. Además, se espera la llegada del buque hospital de la Marina estadounidense USNS Comfort para misiones humanitarias, y están en marcha planes para reactivar el ejercicio multinacional PANAMAX en 2026, lo que señala una profundización de la alianza en defensa.

Esta cooperación intensificada se produce en un momento de creciente preocupación por parte de EE.UU. respecto al papel de China en infraestructura crítica cerca del canal. Empresas chinas como CK Hutchison operan puertos clave en ambos extremos del canal, lo que ha despertado temores en Washington sobre posibles actividades de inteligencia o capacidad de coerción. La administración Trump ha instado a sus aliados en América Latina a distanciarse de las inversiones chinas, y Panamá se retiró recientemente de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, además de iniciar auditorías a contratos existentes con empresas chinas.
Aunque los acuerdos de seguridad han sido celebrados en Washington como una victoria estratégica, han generado controversia en Panamá. Legisladores de la oposición y grupos de la sociedad civil han criticado la falta de transparencia en torno a los acuerdos y advertido que podrían socavar la soberanía nacional. Se han producido protestas en varias ciudades, donde los manifestantes han calificado el renovado involucramiento estadounidense como una “invasión camuflada” y un retroceso a los tiempos del dominio militar extranjero.

No obstante, los acuerdos representan un cambio decisivo en la postura de defensa del continente americano. Para Estados Unidos, restablecen ventajas operativas y marítimas vitales en un contexto de creciente rivalidad entre grandes potencias. Para Panamá, ofrecen garantías de seguridad y una mayor integración con un aliado histórico, aunque también implican el desafío de lidiar con preocupaciones internas y la persistente sombra de la influencia geopolítica.
Con los buques de guerra estadounidenses comenzando a navegar “primero y gratis” por el canal y una cooperación militar cada vez más profunda, la región entra en una nueva era—una marcada no solo por la necesidad estratégica, sino también por el complejo entrelazamiento de la historia, la diplomacia y el poder.
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