Durante el desfile militar del 3 de septiembre de 2025, con motivo del 80º aniversario de la «victoria en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa y del fin de la Segunda Guerra Mundial«, Pekín presentó por primera vez el esperado sistema de defensa aérea y antimisiles HQ-29. La aparición pública de este proyecto, mantenido en secreto durante años, generó gran interés entre analistas militares de todo el mundo al confirmarse sus avanzadas capacidades y su papel en la ampliación de la defensa en capas de China.
El HQ-29 está concebido como un interceptor exoatmosférico de doble función, capaz de neutralizar tanto misiles balísticos en fase media como posibles amenazas espaciales en órbita baja. El sistema utiliza un vehículo lanzador TEL de seis ejes con dos contenedores verticales de gran tamaño, cada uno con un misil de combustible sólido de unos 7,5 metros de longitud y 0,5 metros de diámetro. Su altura de interceptación superaría los 150 km, con un alcance estimado entre 400 y 600 km.
El misil incorpora un vehículo de impacto cinético con guiado avanzado, combinando navegación inercial, radar activo y sensores infrarrojos en la fase terminal. Además, en su sección frontal integra múltiples micropropulsores de gas frío que permiten correcciones de curso extremadamente precisas en el espacio, lo que le otorga la capacidad de enfrentarse a vehículos de reentrada de alta velocidad, ojivas maniobrables e incluso satélites en órbita baja.
En la estructura de defensa antimisiles del EPL, el HQ-29 cubre un segmento intermedio entre el HQ-9B y los interceptores estratégicos HQ-19 y SC-19. Su diseño lo optimiza para enfrentar misiles balísticos de corto y medio alcance en la fase media de vuelo, ofreciendo protección regional frente a amenazas convencionales o nucleares. Puede operar en conjunto con radares de alerta temprana y sensores espaciales, integrándose en la arquitectura nacional de defensa aérea y antimisiles.
La movilidad del sistema permite su rápido despliegue en distintos puntos del territorio chino según las necesidades estratégicas. Asimismo, se integra con redes de mando y control mediante enlaces satelitales y de fibra óptica, recibiendo información de radares de largo alcance como los JY-27A y SLC-7.
El HQ-29 está destinado a proteger infraestructuras críticas, fuerzas desplegadas y zonas industriales de alto valor. Su capacidad dual —interceptor antimisiles y potencial arma antisatélite— refuerza el papel disuasivo de China en conflictos de alta intensidad que puedan extenderse al dominio espacial.
La presentación pública de este sistema en un evento de gran visibilidad subraya la confianza de Pekín en su preparación operativa y su objetivo de alcanzar paridad tecnológica con los sistemas de Estados Unidos y Rusia, como el SM-3 Block IIA o el S-500 Prometey. La ventaja de contar con una plataforma móvil basada en TEL otorga mayor flexibilidad y supervivencia en escenarios de combate.
Con el HQ-29, China consolida un paso significativo en su estrategia de defensa aérea y espacial integrada, enviando además un mensaje político: su determinación de posicionarse como una potencia militar con capacidad de negar la supremacía de adversarios tanto en la Tierra como en el espacio.
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