- Los acuerdos apuntan a reforzar la inserción internacional de Chile en cadenas de suministro estratégicas y a profundizar la cooperación bilateral frente al crimen organizado, el narcotráfico, el ciberdelito y el lavado de activos.
El Gobierno de Chile y Estados Unidos suscribieron dos nuevos acuerdos orientados a fortalecer la cooperación bilateral en áreas consideradas crecientemente estratégicas para la seguridad nacional, el desarrollo económico y la inserción internacional del país: los minerales críticos y la lucha contra amenazas transnacionales.
La firma de los instrumentos se realizó en la Cancillería, en una ceremonia encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna. En la instancia participaron también el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas; la ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert; la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez; el subsecretario de Minería, Álvaro González; el subsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet; el subsecretario de Estado para el Control de Armas y la Seguridad Internacional de Estados Unidos, Thomas DiNanno; y el embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd.
Desde una perspectiva estratégica, los acuerdos reflejan dos dimensiones cada vez más conectadas de la política exterior contemporánea: por una parte, la competencia internacional por asegurar cadenas de suministro resilientes en minerales esenciales para la industria, la tecnología, la transición energética y la defensa; y por otra, la necesidad de fortalecer capacidades estatales frente a fenómenos criminales que operan más allá de las fronteras nacionales.
Minerales críticos: Chile frente a una nueva agenda geoeconómica
En materia económica, ambos países firmaron un Memorándum de Entendimiento para fortalecer la cooperación en minerales críticos. El documento fue suscrito por la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez; el subsecretario de Minería, Álvaro González; y el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd.
El acuerdo establece un marco de cooperación orientado a promover inversión, intercambio de experiencias y desarrollo de capacidades a lo largo de distintas etapas de la cadena de valor, desde la exploración hasta el procesamiento de minerales críticos.
Para Chile, este tipo de instrumentos adquiere especial relevancia considerando el peso del país en mercados como el cobre y el litio, así como su potencial para participar de manera más activa en cadenas de valor asociadas a tecnologías avanzadas, almacenamiento energético, electromovilidad, sistemas electrónicos, industria aeroespacial y defensa.
Aunque el Memorándum no crea obligaciones vinculantes ni derechos preferentes, sí permite proyectar una agenda de cooperación con Estados Unidos en un ámbito donde la competencia global se ha intensificado. En los últimos años, Washington ha buscado reducir vulnerabilidades en cadenas de suministro dominadas o condicionadas por actores externos, especialmente en minerales esenciales para sectores industriales y tecnológicos sensibles.
En este contexto, Chile mantiene una política exterior abierta y diversificada en materia de minerales críticos. Según Cancillería, el país ya ha suscrito instrumentos similares con Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Japón, Perú, Sudáfrica y la Unión Europea. Esto confirma una estrategia de no exclusividad, orientada a ampliar socios, atraer inversión y evitar una dependencia excesiva de un solo bloque o potencia.
Seguridad: crimen organizado, narcotráfico y ciberdelito
El segundo instrumento firmado corresponde a una enmienda a la Carta de Acuerdo sobre control de narcóticos y cumplimiento de la ley entre Chile y Estados Unidos. Este acuerdo busca fortalecer las capacidades institucionales del Estado chileno frente al crimen organizado transnacional.
La enmienda fue suscrita por el subsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet, y el subsecretario de Estado para el Control de Armas y la Seguridad Internacional de Estados Unidos, Thomas DiNanno.
De acuerdo con la información entregada por Cancillería, el instrumento contempla cooperación técnica, capacitación y apoyo a la coordinación entre agencias, con foco en amenazas como el narcotráfico, el ciberdelito y el lavado de dinero.
Este punto resulta especialmente relevante para Chile, en un momento en que el país enfrenta una transformación del escenario de seguridad interna. Fenómenos como el crimen organizado, las economías ilícitas, las redes de narcotráfico, el tráfico de armas, el lavado de activos y los delitos digitales han obligado a reforzar la coordinación entre instituciones nacionales y socios internacionales.
En esa línea, la cooperación con Estados Unidos se inscribe en una relación de larga data en materia de seguridad, pero también responde a un escenario regional más complejo, donde las amenazas transnacionales requieren capacidades de inteligencia, investigación, persecución penal, control financiero y coordinación operativa cada vez más sofisticadas.
Una agenda bilateral con impacto estratégico
La firma de estos acuerdos muestra una profundización de la relación entre Chile y Estados Unidos en áreas que superan la cooperación tradicional. Los minerales críticos ya no son únicamente un asunto minero o comercial, sino parte de una agenda geopolítica vinculada a la autonomía industrial, la seguridad energética, la tecnología y la defensa.
Del mismo modo, la cooperación en seguridad pública y crimen organizado se ha convertido en un eje fundamental de la relación bilateral, en la medida en que las amenazas actuales combinan dimensiones criminales, tecnológicas, financieras y transnacionales.
Para Chile, el desafío estará en transformar estos instrumentos en capacidades concretas: mayor inversión, transferencia de conocimiento, desarrollo de valor agregado, fortalecimiento institucional y mejor coordinación entre agencias. En el caso de los minerales críticos, esto implica avanzar más allá de la extracción y posicionarse en etapas superiores de la cadena productiva. En materia de seguridad, supone fortalecer herramientas del Estado frente a delitos complejos que ya no pueden ser abordados desde una lógica estrictamente nacional.
En definitiva, los acuerdos firmados con Estados Unidos refuerzan una tendencia clara: Chile busca posicionarse como un actor confiable en cadenas estratégicas globales, al mismo tiempo que intenta robustecer sus capacidades internas frente a amenazas de seguridad cada vez más sofisticadas.
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